Por la Lcda. Ana Isabel Herrera Plaza, docente titular de Toxicología, Facultad de Ciencias de la Salud, Escuela de Farmacia UASD
Santo Domingo. – En el marco del Día Internacional de la Toxicología, la Lcda. Ana Isabel Herrera Plaza advierte sobre un problema que sigue creciendo de forma silenciosa; el riesgo de intoxicaciones por plaguicidas.
El uso de estos compuestos, fundamentales en la producción agrícola, representa también una importante fuente de exposición tóxica. Las intoxicaciones no solo afectan a quienes los manipulan directamente en entornos laborales o domésticos, sino también a comunidades cercanas y consumidores expuestos a residuos presentes en los alimentos.
El mayor peligro radica en su aplicación inadecuada. Esta puede generar contaminación de aguas superficiales y subterráneas, afectar ecosistemas y comprometer la calidad del suelo. A esto se suma la capacidad de dispersión por el viento, que facilita que estos químicos se desplacen a grandes distancias, ampliando el riesgo de intoxicación en zonas no previstas.
Particular preocupación generan los insecticidas organofosforados, ampliamente utilizados tanto en el ámbito agrícola como doméstico. Su mecanismo de acción afecta directamente el sistema nervioso, provocando síntomas como miosis, visión borrosa, náuseas, vómitos, salivación excesiva y dificultad respiratoria. En casos graves, pueden desencadenar convulsiones, parálisis e incluso coma.
Aunque algunos efectos agudos pueden revertirse en días o semanas, la evidencia indica que estas sustancias pueden dejar secuelas neurotóxicas persistentes, afectando la función cognitiva y neurológica a largo plazo.
Ante este panorama, la Lcda. Herrera enfatiza que la prevención es fundamental. La capacitación adecuada en el manejo de plaguicidas, el uso correcto de equipos de protección personal y el cumplimiento estricto de las indicaciones de seguridad son medidas esenciales para reducir la exposición.
Asimismo, recomienda evitar su aplicación en condiciones ambientales desfavorables, como fuertes vientos, lluvias inminentes o altas temperaturas, factores que incrementan su toxicidad y dispersión.
El mensaje es claro y contundente:
“Vamos a prevenir, para no lamentarnos.”
Cortesía: Lcdo. Junior José Jiménez – Onda Radiactiva