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La próxima cancelación podría ser en salud: influencers, médicos y el precio de perder la confianza

Por: Yesenia Barrios / Especialista en Marketing Médico

Durante años, el marketing de influencers se construyó sobre una premisa sencilla: si una persona tiene una comunidad que confía en ella, esa confianza puede convertirse en influencia y, posteriormente, en una decisión de compra.

Pero algo está cambiando.

En 2026 estamos viendo con mayor fuerza una especie de depuración del ecosistema de influencers. Personas que durante años fueron admiradas comienzan a ser cuestionadas, marcas cancelan colaboraciones y las audiencias son cada vez más críticas frente a la publicidad encubierta, las opiniones sin fundamento y las conductas que contradicen los valores que esos creadores proyectaban.

Una reciente publicación de HuffPost España analiza precisamente esta tendencia de influencers que pasan de ser admirados a ser “cancelados”. Sin embargo, el fenómeno no necesariamente significa que el influencer marketing esté muriendo. Más bien apunta hacia una selección natural del mercado: menos protagonismo para la popularidad por sí misma y mayor valor para la credibilidad, la autenticidad y la coherencia.

Y si esto está ocurriendo en el entretenimiento, la moda o el lifestyle, cabe hacerse una pregunta mucho más importante:

¿Estamos preparados para que la misma discusión llegue al influencer de salud?

En salud existe una diferencia fundamental entre recomendar un restaurante, un perfume o una marca de ropa y recomendar un tratamiento, un medicamento, un suplemento o una práctica que puede modificar la conducta sanitaria de una persona.

Un millón de seguidores demuestra que una persona tiene audiencia, no demuestra que tenga conocimientos médicos.

Precisamente este es uno de los puntos centrales de una reciente publicación de El Espectador, titulada “China impide que los influencers que no son nutricionistas hablen de nutrición”. El artículo plantea el debate sobre la frontera entre compartir una experiencia personal relacionada con la alimentación y presentar recomendaciones profesionales sin contar con la formación necesaria.

La discusión adquiere todavía mayor relevancia porque China ya viene implementando mecanismos de verificación de credenciales para cuentas que producen contenido profesional de salud. En 2025, autoridades chinas establecieron que las plataformas deben impedir que cuentas sin acreditación produzcan contenido profesional de divulgación médica.

No se trata simplemente de prohibir que una persona hable de alimentación, ejercicio o bienestar, sino de establecer una diferencia fundamental entre compartir una experiencia personal y presentar una opinión como si fuera conocimiento profesional. Esta distinción debería generar especial atención en República Dominicana, donde el crecimiento de las redes sociales ha convertido a muchas personas en referentes capaces de influir directamente en las decisiones de salud de sus audiencias. El problema no es el influencer, sino la influencia sin responsabilidad

El problema aparece cuando la influencia comienza a sustituir a la evidencia.

Cuando una persona recomienda:

  • medicamentos sin evaluación médica;
  • suplementos como sustitutos de tratamientos;
  • “remedios caseros” para enfermedades graves;
  • productos que supuestamente “desintoxican” el organismo;
  • sustancias para adelgazar rápidamente;
  • prácticas para “curar” diabetes, hipertensión, cáncer u otras enfermedades;
  • suspender medicamentos indicados por un profesional;

En ese momento ya no estamos frente a una simple creación de contenido.

Estamos frente a una potencial conducta de riesgo sanitario.

¿Qué ocurre con los remedios caseros?

Aquí debemos abrir una discusión particularmente importante.

No todo remedio casero es necesariamente peligroso. El problema está en convertir una experiencia personal en una recomendación terapéutica generalizada.

“Esto me funcionó” no significa “esto funciona para todos”.

Y mucho menos significa:

“Esto puede sustituir tu tratamiento médico”.

Las redes sociales han creado un escenario donde una receta de TikTok puede alcanzar a cientos de miles de personas en pocas horas, mientras que una recomendación médica basada en evidencia puede necesitar años de formación para ser construida.

La asimetría es evidente:

La desinformación puede producirse en segundos; corregir sus consecuencias puede tomar meses o años.

Y aquí aparece otro protagonista: el médico influencer

La discusión no debe dirigirse exclusivamente hacia quienes no son profesionales de la salud.

También debemos hablar de los médicos que utilizan las redes sociales sin comprender que su bata blanca también comunica autoridad.

Un médico puede tener derecho a construir una marca personal, educar, generar contenido, participar en campañas comerciales y posicionarse digitalmente.

Pero tener una profesión sanitaria también implica una responsabilidad adicional.

No es lo mismo hacer marketing médico que convertir la consulta, el diagnóstico o la vulnerabilidad del paciente en contenido.

El médico influencer también puede ser cancelado y sector salud no está protegido de la crisis reputaciones.

Por el contrario.

La confianza es probablemente uno de los activos más importantes de una marca médica y también uno de los más frágiles.

Un médico puede tardar 15 años en construir reputación profesional y perder una parte importante de ella en un video de 30 segundos.

Y aquí aparece una nueva palabra que debería incorporarse al vocabulario del marketing médico: auditabilidad.

En el futuro no bastará con preguntar cuántos seguidores tiene un médico.

Las marcas, hospitales, clínicas y pacientes deberán preguntarse:

¿Qué ha dicho? ¿En qué evidencia se basa? ¿Qué productos ha recomendado? ¿Quién lo patrocina? ¿Tiene conflictos de interés? ¿Su contenido es éticamente defendible?

El desafío actual es que la comunicación digital ha evolucionado mucho más rápido que la cultura de cumplimiento y supervisión de muchos actores del sector.

Instagram, TikTok, YouTube y otras plataformas han convertido a médicos, nutricionistas, psicólogos, entrenadores, pacientes y personas sin formación sanitaria en potenciales productores masivos de información de salud.

Por eso, la pregunta ya no debería ser solamente:

“¿Está permitido publicar esto?”

Deberíamos preguntarnos:

“¿Es responsable publicarlo?”

¿Cómo debería regularse al influencer de salud?

No considero que la solución sea prohibir a todos los influencers hablar de salud. La solución debería ser establecer niveles de responsabilidad según el tipo de contenido. Desde el punto de vista del marketing médico, considero que este será uno de los mayores cambios.

Porque en salud existe una diferencia fundamental frente a otras categorías:

cuando un influencer de moda se equivoca, puede afectar una compra. Cuando un influencer de salud se equivoca, puede afectar una vida.

El futuro no será del influencer con más seguidores

Será del influencer con mayor capital de confianza.

En salud, esa transformación será todavía más profunda.

El futuro probablemente pertenecerá a los creadores de contenido sanitario verificables, capaces de combinar tres elementos:

conocimiento + ética + comunicación.

Y esto también significa que el marketing médico tendrá que evolucionar. Ya no será suficiente producir un reel atractivo, habrá que construir arquitecturas de reputación digital.

Protocolos para aprobación de contenido.

Revisión científica.

Políticas de publicidad.

Manejo de conflictos de interés.

Crisis reputacional.

Protección de la privacidad del paciente.

Y formación del profesional sanitario en comunicación digital.

La próxima “cancelación” puede ser sanitaria

Quizás el verdadero fenómeno que estamos observando no sea la desaparición de los influencers.

Es la desaparición progresiva de la idea de que tener audiencia equivale a tener autoridad.

Ese puede ser el verdadero cambio de paradigma: la medicina necesita estar presente en las redes sociales, los médicos necesitan comunicarse, los especialistas construir una marca personal, las instituciones sanitarias educar y los influencers pueden convertirse en aliados extraordinarios para acercar información de valor a la población. Sin embargo, debemos establecer una frontera clara: la popularidad puede amplificar un mensaje, pero nunca puede otorgar una licencia para ejercer una profesión sanitaria. El futuro del influencer de salud no debería estar marcado por la censura, sino por la responsabilidad, porque en marketing médico la reputación no se construye únicamente con alcance, seguidores o viralidad, sino con el activo más importante y, al mismo tiempo, más vulnerable del sector: la confianza.

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