En el marco de nuestro balance de fin de año, el Dr. Andy de León Valenzuela, director general del Hospital Docente Universitario Traumatológico Dr. Darío Contreras y presidente de la Sociedad Dominicana de Ortopedia y Traumatología, comparte su visión sobre los avances, desafíos y deudas pendientes del sector salud en 2026.
Desde la reorganización de los servicios hasta la urgente necesidad de generar evidencia científica, su perspectiva ofrece un panorama honesto de lo que se ha logrado y lo que falta por construir para una atención más segura, oportuna y humana.
Pregunta: Desde su experiencia y posición de liderazgo en el sector salud, ¿cuáles considera que fueron los avances, acontecimientos y desafíos más relevantes de 2026 en su especialidad o institución en la República Dominicana, particularmente en materia de investigación científica, resultados clínicos, políticas públicas, innovación, educación médica y comunicación en salud, y qué impacto tuvieron estos aspectos en el ejercicio profesional de los médicos, las condiciones del sector, la calidad de la atención, la información y educación de los pacientes y el futuro de la salud en el país?
“Desde mi responsabilidad como director general del Hospital Docente Universitario Traumatológico Dr. Darío Contreras y presidente de la Sociedad Dominicana de Ortopedia y Traumatología, considero que, en lo que va de 2026, hemos avanzado en tres aspectos fundamentales: el fortalecimiento de la capacidad de atención, la educación médica continua y la humanización de los servicios. Al mismo tiempo, persisten desafíos que nos exigen trabajar con mayor coordinación, generar evidencia científica y garantizar que los avances lleguen de manera oportuna a los pacientes.
En el Hospital Darío Contreras, desde que asumimos la dirección en mayo, hemos impulsado la organización de los servicios y procesos esenciales, como la programación quirúrgica, el registro de las cirugías y la coordinación de los ingresos electivos. También se inició la remodelación de la emergencia, un proyecto de gran importancia para mejorar la clasificación y atención de los pacientes traumatizados.
En materia de innovación, hemos trabajado en la disponibilidad de los equipos de tomografía y en la integración de herramientas digitales para imágenes, laboratorio y gestión clínica. Estos avances requieren mantenimiento preventivo, personal capacitado y continuidad presupuestaria para sostenerse.
Uno de los esfuerzos que más valoro es mejorar la comunicación con los familiares de los pacientes en cuidados intensivos. Hemos promovido un mecanismo de información periódica que busca reducir la incertidumbre y evitar que las familias deban permanecer todo el día en el hospital para conocer la evolución de su ser querido. La calidad de la atención también se expresa en cómo escuchamos, orientamos y acompañamos a las personas.
Desde la Sociedad Dominicana de Ortopedia y Traumatología, hemos fortalecido la educación médica mediante jornadas regionales, actividades de los capítulos y vínculos de cooperación internacional. Los acercamientos con la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología, el Servicio Nacional de Salud y centros de entrenamiento como CLEMI abren oportunidades para desarrollar rotaciones, cursos y protocolos. El reto es convertir esos acuerdos en oportunidades sostenidas de formación, con alcance para los especialistas y residentes de las distintas regiones del país.
En investigación científica, considero que tenemos una deuda que debemos asumir con seriedad: transformar nuestra amplia experiencia asistencial en conocimiento publicado y útil para tomar decisiones. Atendemos un volumen importante de lesiones y casos complejos que debe traducirse en registros confiables, estudios clínicos y seguimiento de resultados. Necesitamos medir de manera sistemática las complicaciones, las infecciones, los tiempos de espera, las reintervenciones y la recuperación funcional. No sería responsable atribuir mejoras cuantificadas a nuestra gestión sin contar con indicadores comparables que las demuestren.
En políticas públicas, hemos mantenido el diálogo con las entidades aseguradoras y las autoridades para mejorar las condiciones del ejercicio profesional, actualizar la valoración de los procedimientos y reducir las barreras de acceso. Para el médico, unas condiciones adecuadas de trabajo y una remuneración justa permiten ejercer con mayor estabilidad; para el paciente, la oportunidad del diagnóstico, la disponibilidad de implantes y la continuidad de la rehabilitación son determinantes para su recuperación.
Otro desafío prioritario es la prevención de los traumatismos, especialmente los relacionados con el tránsito. Desde nuestra perspectiva, el país necesita fortalecer la articulación entre la respuesta prehospitalaria, los hospitales de trauma y los servicios de rehabilitación. Hemos promovido la propuesta de una Red Nacional de Trauma porque el resultado de un paciente depende de toda esa cadena: desde el lugar donde ocurre la lesión hasta su reintegración familiar, laboral y social.
La comunicación en salud también debe ocupar un lugar central. Tenemos la responsabilidad de explicar con claridad los diagnósticos, las opciones de tratamiento, los riesgos y los cuidados posteriores.
Mi valoración es que 2026 nos ha permitido impulsar cambios necesarios, pero también nos ha recordado que modernizar la salud exige mucho más que adquirir equipos. Exige organizar los servicios, cuidar al personal, formar a las nuevas generaciones, evaluar los resultados y dar un trato digno. Ese es el compromiso que orienta ambas responsabilidades que hoy desempeño: trabajar para que cada avance se traduzca en una atención más segura, oportuna y humana para nuestra población.”