En el marco de nuestro balance de fin de año, el Dr. Steven Rabassa, presidente de la Asociación Dominicana de Medicina Reproductiva (ADOMERE), comparte una profunda reflexión sobre el estado actual de la especialidad en el país.
Desde los avances en la formación académica y la organización de su Primer Congreso Internacional, hasta la urgente necesidad de generar evidencia científica propia, impulsar políticas públicas de acceso y promover una comunicación responsable, su perspectiva ofrece una hoja de ruta clara para transformar el conocimiento y la tecnología en un bienestar real para las familias dominicanas.
«Como presidente de la Asociación Dominicana de Medicina Reproductiva (ADOMERE), considero que, en lo que va de 2026, uno de los avances más importantes ha sido fortalecer los espacios de formación, intercambio científico y diálogo sobre el futuro de nuestra especialidad. Este proceso también ha puesto de relieve una responsabilidad fundamental: lograr que el conocimiento y la tecnología se traduzcan en una atención segura, humana y accesible para quienes desean formar una familia.
En el ámbito institucional, destaco la organización de nuestro Primer Congreso Internacional de Medicina Reproductiva, previsto para los días 13 y 14 de noviembre en Santo Domingo. El aval del Colegio Médico Dominicano, que incluye puntuación gremial, representa un respaldo significativo a esta iniciativa de educación médica continua. Su valor está en acercar conocimientos actualizados a los profesionales y crear oportunidades de colaboración que puedan beneficiar la práctica clínica.
En materia de investigación científica, considero prioritario fortalecer la producción de evidencia dominicana. Necesitamos impulsar estudios multicéntricos y una recopilación sistemática de resultados que permita conocer mejor nuestra realidad. Para hablar con rigor de avances clínicos debemos analizar indicadores comparables de nacidos vivos, complicaciones y seguridad materna y neonatal. Atribuir una mejoría nacional a los tratamientos requiere datos consolidados; precisamente, desarrollar esa capacidad de evaluación debe formar parte de nuestra agenda científica.
Respecto a la innovación, valoro especialmente la individualización de los tratamientos, la preservación de la fertilidad y la evaluación integral de los factores femeninos y masculinos. La incorporación de tecnología debe responder a indicaciones claras, evidencia científica y beneficios concretos para el paciente. Esto exige médicos actualizados, embriólogos capacitados, laboratorios con controles de calidad y equipos que trabajen de manera coordinada. Para nuestra especialidad, innovar también significa mejorar los procesos, la seguridad y el acompañamiento durante todo el tratamiento.
En materia de políticas públicas, considero indispensable fortalecer la protección de los pacientes, brindar seguridad al ejercicio profesional y promover una atención reproductiva de calidad. También debemos avanzar en mecanismos de acceso y financiamiento que permitan reducir las barreras económicas para recibir atención. La posibilidad de formar una familia merece una mayor consideración dentro de las prioridades sanitarias del país.
La comunicación en salud es otro desafío central. Tenemos la responsabilidad de explicar con claridad las posibilidades, los límites, los costos y los riesgos de cada tratamiento. Debemos educar sobre fertilidad femenina y masculina, combatir los estigmas y evitar mensajes que generen expectativas irreales. Una comunicación responsable ayuda a los pacientes a consultar oportunamente, comprender sus alternativas y participar en las decisiones, con respeto a su privacidad y a su bienestar emocional.
Para los médicos, estos desafíos implican una mayor exigencia de formación, documentación de resultados y responsabilidad ética. Para las instituciones, demandan inversión en calidad y mejores condiciones para el trabajo especializado. Mi visión como presidente de ADOMERE es que el futuro de la medicina reproductiva dominicana se construya con investigación propia, educación continua y acceso más equitativo. El impacto que buscamos es concreto: profesionales mejor preparados y pacientes que reciban atención competente, información confiable y un trato digno en su camino hacia la maternidad y la paternidad.»